Chile acelera las plantas desaladoras para enfrentar la crisis hídrica

Donde no llueve, queda el mar. Frente a una sequía que se extiende por más de quince años, Chile ha hecho de la desalinización una pieza central de su estrategia hídrica: hoy operan más de 40 plantas y hay del orden de dos decenas en desarrollo, concentradas en el norte. La mayor parte de esa agua abastece a la minería, pero crecen los proyectos para consumo humano.
El caso Coquimbo–La Serena
Un ejemplo emblemático es la desaladora concesionada para Coquimbo–La Serena, proyectada en el sector El Panul y adjudicada a Sacyr Agua. Con una inversión cercana a los US$318 millones, partiría con una producción de 800 litros por segundo ampliable a 1.200 L/s, y beneficiaría a más de medio millón de personas. Sería la primera planta de la región pensada para agua potable, no solo para uso industrial.
Cómo funciona y por qué crece
La tecnología dominante es la ósmosis inversa: el agua de mar se fuerza a alta presión a través de membranas que retienen las sales, entregando agua dulce por un lado y un concentrado salino por el otro. Su atractivo es que ofrece una fuente independiente de la lluvia; su talón de Aquiles, el costo.
- Energía: es un proceso intensivo en electricidad, aunque la recuperación de energía y las renovables abaratan el balance.
- Salmuera: el concentrado hipersalino devuelto al mar puede afectar los ecosistemas costeros si no se dispersa bien.
- Gobernanza: falta una regulación específica que ordene ubicaciones, uso compartido y estándares ambientales.
Lo que viene
La desalación seguirá creciendo, pero el desafío de ingeniería ya no es solo producir agua: es hacerlo con menor huella energética y mejor manejo de la salmuera, e idealmente con plantas multipropósito que sirvan a la vez a la minería, las ciudades y la agricultura.
Fuente: Dialogue Earth — dialogue.earth


