Peak water en los Andes: el máximo aporte glaciar ya pasó en muchas cuencas
Pablo RojasActualizado el 6 min de lectura
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Un estudio publicado en Scientific Reports por Alexis Caro y coautores (2025) estima cuándo alcanza su máximo el aporte de los glaciares a los ríos en 778 cuencas andinas, entre 11° N y 55° S. Ese máximo, el peak water, separa una etapa en que el escurrimiento glaciar crece de otra en que disminuye porque queda menos hielo. Según las simulaciones, el pico ya ocurrió en la mayoría de las cuencas de los Andes húmedos y tropicales; en los Andes secos, que incluyen Chile central, buena parte de las cuencas todavía lo tiene por delante.
Qué es el peak water
Un glaciar que se derrite más rápido entrega más agua, pero a costa de su propio volumen. A medida que el hielo retrocede, la superficie que aporta fusión se reduce y, aunque la fusión por metro cuadrado siga aumentando, llega un punto en que el volumen total entregado empieza a bajar. Ese máximo es el peak water: un fenómeno de agotamiento de un stock, no de un flujo renovable.
En el estudio, el escurrimiento glaciar incluye la fusión de hielo y de nieve sobre los glaciares. El año de peak water de cada cuenca se obtiene suavizando la serie anual simulada con una media móvil de 11 años, eligiendo los 20 años de mayor escurrimiento y tomando su mediana, con una incertidumbre fija de ±10 años.
La fase de aumento ya se observó
Un trabajo previo de los mismos autores en The Cryosphere (Caro et al., 2024) documenta el tramo ascendente. Entre 2000–2009 y 2010–2019, a escala de los Andes, el volumen glaciar se redujo en promedio 8,3 % y la fusión glaciar media anual aumentó 12 %. En la cuenca del Maipo la fusión glaciar media anual creció 37 %: el balance de masa se volvió más negativo desde 2008, en coincidencia con la megasequía, y el aumento del escurrimiento glaciar se concentró entre diciembre y marzo. Más caudal de deshielo mientras el glaciar pierde masa no es una señal de abundancia, sino el tramo previo al pico.
Cuándo ocurre en cada región
Con el escenario de altas emisiones SSP5-8.5 y el conjunto de modelos climáticos mejor evaluados, la mitad central de los años de peak water (percentiles 25 a 75) se concentra entre 2010 y 2028 para el conjunto de los Andes. Por región:
- Andes húmedos (37–55° S, sur de Chile y Argentina; 465 cuencas): 2010–2024. Según los autores, la mayoría de estas cuencas ya pasó su peak water.
- Andes tropicales (11° N–18° S, de Colombia a Bolivia; 183 cuencas): 2014–2030. También aquí el pico ya ocurrió en la mayoría de las cuencas.
- Andes secos (18–37° S, incluida la zona central de Chile y Argentina; 130 cuencas): 2021–2046. Es la región más tardía: la mayoría de sus cuencas alcanzaría el pico antes de 2049.
El intervalo 2026–2049 que suele citarse tiene otro significado en el artículo: es donde se agrupan con más frecuencia los años de peak water de las cuencas cuyo pico cae en el período futuro analizado (2026–2099). No es una predicción de que el máximo ocurra en esas fechas en toda la cordillera.
Chile central: fechas muy distintas entre cuencas vecinas
La tabla 2 del artículo muestra por qué el promedio regional no basta. En cuencas de la zona central de Chile y Argentina, el año estimado de peak water va desde 2010 ± 10 en Cipreses (35° S), con 9,3 m³/s de escurrimiento glaciar en el pico, hasta 2040 ± 10 en Olivares (3,6 m³/s) y Volcán (4,0 m³/s), 2054 ± 10 en Yeso (1,2 m³/s) y 2058 ± 10 en Tupungato, en Argentina (4,0 m³/s).
Por lo mismo, en los Andes secos algunas cuencas mantendrían o aumentarían su aporte glaciar hacia mediados de siglo. Con SSP5-8.5, el escurrimiento glaciar medio de 2030–2049 sería 32 % mayor que el de 2000–2019 en Tupungato y 16 % mayor en Olivares, mientras que en Atuel (Argentina) caería 62 %.
Cuánto bajaría el aporte hacia 2030–2049
Al comparar el escurrimiento glaciar medio de 2030–2049 con el de 2000–2019, el estudio proyecta pérdidas acumuladas de 43 % en los Andes tropicales (−25,8 m³/s), 37 % en los secos (−14,4 m³/s) y 32 % en los húmedos (−177,2 m³/s); los valores en m³/s corresponden al escenario SSP1-2.6. Solo 22 cuencas, sobre todo de los Andes secos, muestran aumentos.
Por qué importa para el diseño
El aporte glaciar pesa más cuando falta la lluvia. En la cuenca del Maipo, Caro et al. (2024) estiman que el escurrimiento glaciar equivalió a cerca de 14 % del caudal medio anual en 2000–2019, pero a 36 % en verano (enero a marzo). Los autores del estudio de 2025 advierten que los cambios en ese aporte pueden ser críticos para el abastecimiento, sobre todo en la estación seca y en años de sequía.
Esto tiene consecuencias directas en los estudios hidrológicos:
- Las series históricas de caudal dejan de ser estacionarias. Una curva de duración de caudales o un análisis de frecuencia ajustado a décadas de registro supone que la media y la varianza no cambian. En una cuenca que ya pasó su peak water, el Q95 calculado con la historia puede sobrestimar la disponibilidad futura en estiaje; en una que aún no lo alcanza, el aporte de verano puede seguir creciendo algunos años antes de caer.
- La variabilidad del caudal de verano puede aumentar. Con menos hielo, el río depende más de la nieve estacional y de la lluvia de cada año.
- Los proyectos con horizonte largo —una central de pasada, un canal matriz, un embalse de riego— pueden evaluarse con caudales de verano que no estarán disponibles en la segunda mitad de su vida útil.
Qué hacer en un estudio
- Separar el hidrograma por componentes. No basta con el caudal total: conviene estimar qué fracción proviene de lluvia, de nieve estacional y de hielo glaciar, porque esta última depende de una reserva en retroceso.
- Ubicar la cuenca respecto de su peak water. El año del pico cambia décadas entre cuencas vecinas; el artículo publica series anuales y mensuales de escurrimiento glaciar por glaciar y por cuenca en su material suplementario.
- Proyectar con horizonte, no solo con historia. Si el estudio es a 30 años, conviene evaluar al menos dos escenarios climáticos, como hace el propio artículo con SSP1-2.6 y SSP5-8.5 a partir de modelos de circulación general.
- Priorizar la regulación estacional. El agua que el glaciar entregaba en verano habrá que reemplazarla con almacenamiento, recarga gestionada de acuíferos o eficiencia de riego.
- Revisar el caudal ecológico. En cuencas de régimen glaciar, los caudales de verano son los más expuestos a la baja del aporte de hielo.
Limitaciones
Los resultados provienen de un modelo glaciológico (OGGM) forzado con modelos climáticos CMIP6, no de mediciones de caudal. Los autores señalan tres fuentes principales de incertidumbre: la aproximación de hielo somero del modelo, la calibración del volumen glaciar y el uso de modelos climáticos y parámetros de balance de masa. Además, se excluyeron los glaciares que pierden masa por desprendimiento frontal (calving), concentrados en Patagonia, por lo que en los Andes húmedos solo se modeló 29 % de la superficie glaciar. En general, el peak water llega antes en el escenario de menor calentamiento.
Más contexto en glaciares de alta montaña.
Fuentes:
- Caro, A., Condom, T., Rabatel, A., Aguayo, R. y Champollion, N. (2025). Future glacio-hydrological changes in the Andes: a focus on near-future projections up to 2050. Scientific Reports, 15, 10991. doi:10.1038/s41598-025-88069-2.
- Caro, A., Condom, T., Rabatel, A., Champollion, N., García, N. y Saavedra, F. (2024). Hydrological response of Andean catchments to recent glacier mass loss. The Cryosphere, 18, 2487–2507. doi:10.5194/tc-18-2487-2024.