El temporal de julio dejó 1.500 millones de m³ en los embalses de Chile y dio vuelta el manto nival

Entre el 15 y el 21 de julio de 2026 un río atmosférico conectado con el Pacífico tropical descargó sobre Chile central y el Norte Chico uno de los eventos más productivos de la década en términos hidrológicos. En cinco días, los 25 embalses monitoreados por la Dirección General de Aguas pasaron de 3.713 a 5.215 millones de m³: 1.500 millones de m³ de agua nueva, casi un 40 % más de volumen almacenado del que había antes del sistema frontal.
Qué pasó en cada cuenca
El cambio más espectacular ocurrió en Coquimbo, la región que arrastra la peor herida de la megasequía. El embalse La Paloma subió de 5 % a 27 % de su capacidad (de 35,9 a 202,2 millones de m³) y Cogotí pasó de 10 % a 79 %. Cinco embalses del norte vertieron al mismo tiempo, algo inédito en esa zona en los últimos años. Los embalses que siguen en estado crítico bajaron de nueve a dos: Peñuelas (15 %) y el Lago Laja (18 %).
Pero el dato más relevante para la temporada de riego no está en los embalses sino en la cordillera. El manto nival pasó de un déficit de 96 % a un superávit de 49 % en altura de nieve y de 14 % en equivalente en agua. Esa nieve es, en la práctica, un embalse adicional de liberación lenta: no aporta caudal hoy, sino entre septiembre y febrero, justo cuando la demanda de riego es máxima.
Por qué la nieve vale más que la lluvia
- Regulación estacional gratuita. La lluvia escurre en horas o días; la nieve entrega su agua a lo largo de meses, sincronizada con la demanda agrícola.
- Menor pérdida por evaporación respecto del agua almacenada en embalses someros y expuestos.
- Recarga de acuíferos. El deshielo lento infiltra mejor que una crecida corta y torrentosa, que se va al mar.
- Riesgo asociado: si llega un evento cálido con isoterma cero alta sobre nieve fresca, el deshielo se acelera y puede generar crecidas fuera de temporada.
Qué no arregla un solo temporal
A pesar del vuelco, el sistema nacional sigue en torno al 40 % de su capacidad total y los dos embalses más grandes del país quedaron entre 18 % y 27 %. La sequía chilena es estructural: quince años de precipitación bajo lo normal no se compensan con una semana de lluvia, por buena que sea. Lo que un evento así cambia es el margen de maniobra de la temporada siguiente, no la tendencia de fondo.
Para quien planifica —una junta de vigilancia, una sanitaria, un proyecto de riego— la lectura correcta es distinguir entre el almacenamiento observado hoy y el pronóstico de caudales de deshielo, que es la variable que efectivamente determina la disponibilidad de la primavera y el verano.
Fuente: meteored.cl, con datos de la Dirección General de Aguas (DGA) y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).


