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Los lagos de K'gari se secaron durante una época más lluviosa: una lección incómoda para la hidrología

Pablo Rojas3 min de lectura
Lago de agua dulce sobre dunas de arena blanca rodeado de vegetación costera

K'gari, en Australia, es la isla de arena más grande del mundo y es famosa por sus lagos de agua dulce sobre dunas. Un estudio de la Universidad de Adelaide liderado por el profesor asociado John Tibby, difundido el 21 de julio de 2026, reconstruyó su historia y encontró algo contraintuitivo: los lagos más profundos de la isla se secaron hace unos 7.500 años, durante un período de mayor precipitación regional, y permanecieron secos alrededor de 2.000 años.

Por qué es contraintuitivo

La intuición hidrológica básica dice que más lluvia significa más agua en los lagos. El registro sedimentario dice lo contrario en este caso. La explicación que proponen los autores está en la distribución espacial de esa lluvia: los vientos alisios del sudeste habrían redirigido la humedad hacia la vecina Minjerribah en lugar de K'gari. La región recibía más agua en total, pero no la parte de la región donde estaban los lagos.

Estos lagos son, además, un caso especial: son lagos de ventana alimentados por el nivel freático de un acuífero de arena, no por escorrentía superficial. Su nivel refleja el balance de recarga del acuífero local, que depende de dónde y cómo llueve, de cuánto evapotranspira la vegetación de la duna y de la geometría del sistema, más que del total pluviométrico regional.

  • Los lagos han existido entre 35.000 y 55.000 años.
  • El episodio seco duró aproximadamente desde hace 7.500 hasta hace 5.500 años.
  • Referencia: Journal of Quaternary Science, 40(8): 1437, DOI 10.1002/jqs.70016.
  • Los autores advierten que algunos de los lagos más profundos podrían ser vulnerables a desaparecer bajo ciertas condiciones climáticas.

La lección para la hidrología aplicada

El caso ilustra un error de razonamiento frecuente: usar el promedio regional de precipitación como proxy de la disponibilidad de agua en un punto. En palabras del equipo, la supervivencia de estos lagos depende de más que el total de lluvia sobre la región: importa de dónde viene esa lluvia, cómo los vientos transportan la humedad y qué partes del paisaje la reciben.

Para quien modela, esto se traduce en tres precauciones concretas: desconfiar de la interpolación de precipitación entre estaciones lejanas en terreno complejo; distinguir siempre recarga de precipitación, porque entre ambas median la intercepción, la evapotranspiración y la geometría del suelo; y revisar si el sistema es alimentado por escorrentía o por nivel freático, porque responden a señales distintas.

Relevancia para Chile y América Latina

En Chile hay sistemas hidrológicos que dependen de aportes muy locales y no del promedio de la cuenca: vegas y bofedales altoandinos, lagunas costeras, humedales alimentados por afloramiento del freático. Evaluar su viabilidad con la precipitación media de una estación distante —a veces a cientos de kilómetros y a otra altitud— es exactamente el error que este estudio expone en escala paleoclimática. El registro sedimentario, además, entrega algo que las series instrumentales chilenas no pueden: varios miles de años de contexto para juzgar si lo que vemos hoy es excepcional o recurrente.


Fuente: sciencedaily.com — Universidad de Adelaida, Journal of Quaternary Science, DOI 10.1002/jqs.70016.

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