PFAS en la lluvia de Melbourne: ocho compuestos y unos 10,6 kg al año sobre la bahía de Port Phillip
Pablo Rojas3 min de lectura
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Investigadores de RMIT University y del centro de ciencias aplicadas de EPA Victoria detectaron 8 de los 30 compuestos PFAS analizados en la lluvia de Melbourne, en muestras recolectadas en 2024 y 2025. El estudio, publicado en línea el 22 de julio de 2026 en Environmental Toxicology and Chemistry y difundido a comienzos de septiembre, estima que la lluvia aporta unos 10,6 kg de PFAS al año a la bahía de Port Phillip. Es una de las primeras mediciones de PFAS en lluvia del hemisferio sur.
Lo que midieron
- Suma de 30 PFAS: 18,05 ng/L en 2024 y 4,95 ng/L en 2025. Un nanogramo por litro es una parte por billón.
- Composición variable: los compuestos de cadena larga (más de 7 carbonos) predominaron durante el otoño húmedo; los de cadena corta (C4 a C7), durante el verano más seco.
- Origen del aire: la modelación de retrotrayectorias HYSPLIT mostró que las masas de aire oceánicas traían las menores concentraciones y las que pasaron sobre tierra, las mayores, lo que apunta a fuentes urbanas e industriales.
- Comparación con normas: PFOA y PFOS estuvieron bajo los valores guía australianos de agua potable. Sin embargo, el PFOA superó los límites de las Lifetime Health Advisories de la EPA de Estados Unidos en 2024 y 2025, y el PFOS los superó en 2025.
- Carga a la bahía: unos 10,6 kg al año sobre una superficie de 1.930 km², es decir, unos 5,5 g/km², según un cálculo preliminar basado en la lluvia de Melbourne.
Los autores destacan que los resultados pueden tranquilizar a quienes beben agua de estanques de lluvia en Australia, dado que se cumplen las guías nacionales. La comparación con los criterios estadounidenses, mucho más exigentes, muestra que esa conclusión depende de qué norma se use como referencia.
Cómo se lee una deposición de 5,5 g/km²
El cálculo es un balance de masa simple: carga = concentración × lámina de lluvia × área. Los 5,5 g/km² equivalen a 5,5 µg por metro cuadrado al año. Si se dividen por una lámina anual de 0,5 a 0,7 m, es decir, 500 a 700 litros por metro cuadrado, la concentración media implícita es de unos 8 a 11 ng/L, justo dentro del rango medido entre ambos años. La cifra es coherente, pero también frágil: con solo tres eventos de muestreo y una diferencia de casi cuatro veces entre 2024 y 2025, la incertidumbre de la carga anual es grande.
Lo importante para la ingeniería es la naturaleza de la fuente. La deposición atmosférica es una carga difusa: cae sobre embalses, cuencas de captación y techos independientemente de que exista una industria cercana, y explica por qué aparecen PFAS en lugares sin una fuente evidente. Ningún control de descargas industriales la elimina.
La lección para monitoreo y diseño
- Balances de masa de embalses y lagunas: si la deposición directa no se incluye, se atribuye erróneamente toda la carga a los afluentes o a descargas puntuales.
- Captación de aguas lluvia: en sistemas rurales que dependen de techos y estanques, como los que se usan en el sur de Chile, el primer lavado del techo y el material de la cubierta pasan a ser variables de calidad, no solo de sedimentos.
- Diseño de monitoreo: muestrear por evento y registrar la trayectoria del aire permite separar las fuentes regionales de las locales.
Cuando la concentración obliga a tratar, las opciones van desde carbón activado hasta membranas. Las revisamos en PFAS, membranas y ósmosis inversa en reúso potable.
Fuentes: Phys.org / RMIT University: Eight PFAS compounds detected at low concentrations in Melbourne rain (septiembre de 2026), PubMed: Singh et al., Concentrations of Per- and Polyfluoroalkyl Substances in the Rainwater of South-Eastern Australia, Environmental Toxicology and Chemistry (2026).