El océano actúa como freno: las sequías globales sincronizadas afectan entre 1,8 % y 6,5 % del suelo

Una de las preocupaciones recurrentes en seguridad alimentaria global es la posibilidad de sequías sincronizadas: que las principales regiones productoras de alimentos del planeta fallen al mismo tiempo. Un estudio del Indian Institute of Technology Gandhinagar junto al centro alemán UFZ de Leipzig, publicado en Communications Earth & Environment y difundido el 8 de julio de 2026, entrega una respuesta cuantitativa a partir de 120 años de registros climáticos (1901–2020).
El hallazgo
Las sequías simultáneas afectaron entre el 1,8 % y el 6,5 % de la superficie terrestre al mismo tiempo, bastante por debajo de estimaciones previas que llegaban a hablar de hasta un sexto del planeta. La razón, según los autores, está en los patrones de temperatura superficial del océano: los modos de variabilidad oceánica tienden a producir anomalías de signo opuesto en distintas regiones, actuando como un freno natural contra la sincronización global.
El estudio también descompone el origen de las tendencias de largo plazo en la severidad de las sequías: cerca de dos tercios se explican por cambios en la precipitación y el tercio restante por la temperatura, que actúa a través de la demanda evaporativa.
- Cuando ocurre sequía moderada, la probabilidad de pérdida de cosecha sube fuertemente: por sobre el 25 % en general, y entre 40 % y 50 % en algunas zonas.
- Referencia: Communications Earth & Environment, 2026; 7(1), DOI 10.1038/s43247-025-03111-5.
- El análisis cubre 1901–2020, un período suficientemente largo para separar variabilidad de tendencia.
Lo que no dice el estudio
Que la sincronización global sea menos probable de lo temido no significa que el riesgo local disminuya. Al contrario: el mismo trabajo muestra que basta una sequía moderada —no extrema— para que la probabilidad de falla de cosecha se dispare. El riesgo relevante para un país sigue siendo el de su propia cuenca, no el promedio planetario.
Relevancia para Chile y América Latina
Chile lleva más de quince años en una megasequía que es, precisamente, un fenómeno regional persistente y no un evento global sincronizado. Para la gestión, la lección práctica está en la atribución: si dos tercios de la tendencia de severidad se explican por precipitación y un tercio por temperatura, entonces los índices de sequía que solo miran la lluvia —como el SPI— subestiman sistemáticamente la severidad en un clima más cálido. Ahí es donde índices que incorporan la demanda evaporativa, como el SPEI, entregan una lectura más honesta.
Si quieres profundizar en cómo se construyen esos indicadores, puedes revisar la guía sobre índices de sequía SPI, SPEI y PDSI y la de evapotranspiración.
Fuente: sciencedaily.com — IIT Gandhinagar y UFZ, Communications Earth & Environment, DOI 10.1038/s43247-025-03111-5.


